Por: Diana Berenice Barajas Pérez*

En México cuando una persona muere se realiza un ritual que comienza con el embalsamamiento y preparación del cuerpo, el cual será depositado en un ataúd para que pueda ser velado durante uno, dos o tres días, según el deseo de la familia. En la velación, si los familiares son religiosos rezan durante toda la noche, de lo contrario simplemente se despiden del ser querido recordando lo que fue. Posteriormente lo acompañan al panteón con cantos y plegarias. Finalmente es sepultado en una tumba decorada con flores, con el afán de que el ser querido descanse en paz.

El señor José Alfredo de la Mora Navarro tiene 77 años de edad y es dueño de funeraria De la Cruz, en Tepatitlán, Jalisco. Desde hace 31 años labora con la muerte.

“Trabajo en esto desde los 46 años. Es un negocio familiar que mi padre fundó. Desde joven me enseñaron el oficio pero nunca fue un trabajo fijo para mí porque hacía otras cosas, pero cuando mi padre murió yo quedé como encargado y desde entonces se volvió mi trabajo”, dice sereno mientras se acaricia su cabellera canosa.

El trabajo del señor José empieza desde que las personas ingresan a su recinto. “Desde que la gente entra uno tiene que mostrar una actitud amable y de servicio para poder orientarlos, para hacerles más fácil este proceso porque si de por sí tratar con gente es difícil, ahora tratar con gente que acaba de perder un ser querido lo es más”.

José Alfredo los orienta explicándoles el procedimiento de conservación y los ayuda a escoger un ataúd que se ajuste al presupuesto y gusto de los familiares. Los hijos del dueño de la funeraria se encargan de embalsamar el cuerpo, pues como él mismo lo dice “esto es una cuestión familiar”, perceptible algunos domingos por la tarde, cuando se juntan varios miembros de la familia en ese lugar, actuando con la normalidad de una reunión típica dominical.

A la entrada del recinto se exhiben los ataúdes, y al fondo hay un escritorio grande de madera fina, un librero, un pizarrón al costado de la pared y sillas acojinadas. José Alfredo considera su oficio como una tradición familiar que continuará trascendiendo. “Cuando yo falte quien seguirá con el oficio son mis cuatro hijos”, dice con la mirada fija en el piso.

Cuando se trabaja de cerca con la muerte se requiere de ciertas aptitudes físicas y mentales, “sobretodo psicológicas porque necesitas ser muy prudente, tratar de ponerte en el lugar de la persona; se debe ser empático”, asegura José Alfredo, quien también habla sobre situaciones complicadas como tener que atender a familiares de personas conocidas, amigos e incluso a sus parientes: “Me marchita el alma cuando son personas que conocía, me pone muy triste y uno, a pesar de eso, tiene que hacer bien su trabajo”.

De la Cruz goza de cierta fama, pues según dice el dueño “en 31 años todas las familias de Tepa, por lo menos en una ocasión, han requerido de los servicios”.

Otra parte que hace difícil este oficio es el hecho de que nunca cierran, abren los 365 días del año las 24 horas. Aunque se rolan turnos en ocasiones es complicado porque cuando hay alguna celebración familiar no pueden asistir todos, sin embargo, eso no es pretexto porque en más de una ocasión han decidido celebrar en el recinto para poder estar todos juntos.

Tras 31 años de trabajar cerca de la muerte y afín a un sentimiento de tristeza, José Alfredo se tuvo que acostumbrar y las experiencias que vivió lo hicieron una persona más humilde y que valora las buenas cosas de la vida. Así como De la Cruz, en México existen más de tres mil empresas establecidas que podrían registrar un crecimiento de hasta un cinco por ciento; así lo expresó Óscar Chávez, el director de Nuevos Negocios de Grupo Gayosso, primera empresa de servicios funerarios en el país con 140 años de historia.

Menciona que las tendencias en la contratación de servicios funerarios continuará siendo servicios integrales que facilitan la velación y despedida de un familiar en un solo lugar; mencionó para Notimex.

Como dice Don José, “La muerte es la única cosa que tenemos segura en esta vida”.

ISJ
Fotografía (cc): Razi Marysol Machay

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