Por: Mariana González Quintero*

En la charla Madrid Insurgente LGBT, celebrada el 30 de noviembre, los españoles Fernando López, bailarín, coreógrafo y escritor; Luisgé Martín, novelista; y Aitor Saraiba, escritor y dibujante, hablaron de las dificultades de ser homosexual en un entorno machista. Sin referirse a ellos de manera despectiva, se asumen como el resto los calificaría para insultarlos, como maricas.

El Pabellón Madrid, ciudad a la que se le dedicó la trigésima primera edición de la Feria Internacional de Libro en Guadalajara (FIL), lucía púdico. La escenografía para el panel se limitó a tres sillas en el centro del lugar, dos lienzos cuadrados, y unas cuantas latas de pintura que ocupaban un espacio en las escaleras.

La charla, dividida en cuatro partes, comenzó con el acuso. Ponto Luisgué Martín se instaló en el centro del mausoleo blanco, y de pie con una voz firme comenzó a declamar: “Yo acuso a los que no me dejaron que amara a quien quería amar (…) a quienes pensaban que quienes eran como yo estaban enfermos”.

Simultáneamente Aitor Saraiba se apodero de los lienzos e hizo trazos con pintura negra que pronto se convirtieron en un rostro masculino lleno de vello en la babilla, empezaba la segunda parte que consistía en dibujar. “Yo acuso a los médicos (…) que hicieron tratados científicos asegurando que el alma estaba en los órganos genitales”, se escuchaba de fondo.

La tinta rosada se hizo espacio en un segundo lienzo y con el pulso fijo de Aitor se dibujaron las palabras “yo a ti te voy a querer toda la vida”. Cuando el manifiesto de Luisgé terminó, y ambos lienzos habían sido usados, apareció Fernando López para continuar con la tercera parte: contar.

Su cuerpo se adornaba con una tela traslucida blanca y sus extremidades se movían al compás del taconeo de sus zapatos flamencos. El rostro aderezaba los movimientos con expresiones marcadas, que parecían de desahucio. Cuatro platos de porcelana instalados en el suelo fueron destrozados por el pisoteo rítmico de Fernando.

El aplauso de quienes miraban boquiabiertos fue el preámbulo de la última fase dedicada a las reflexiones de los tres ponentes quienes coinciden en que se ha avanzado en la apertura de la sociedad para hablar sobre temas como la homosexualidad en la literatura: “Como la sociedad misma, la literatura fue evolucionando (…) ya cada vez, afortunadamente, hay menos que reivindicar”, declaró Luisgé.

Aitor Saraiba, se dijo afortunado por poder hablar de un tema como este en un sitio como México, pero lamento que aunque parece sencillo, hay lugares en los que aún no se permite hacerlo: “no toda la gente tiene esta suerte que tenemos nosotros”, comentó. Por su parte el coreógrafo Fernando López dijo que escribir sobre la homosexualidad “ha servido para construir realidades nuevas”.

Al final de la charla, mientras algunos de los asistentes ya se disipaban, Luisgé opinó que la literatura homosexual debe existir para exigir la felicidad y al mismo tiempo para recordar la intolerancia que aún permea sus vidas. Por último mientras la sala se vaciaba tomó el micrófono y dijo: “y recordad, la insurgencia ante todo”.

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