La fiesta que resucitó a un pueblo

652
  • Ocotlán, único municipio donde el Vaticano reconoce la aparición de Jesucristo

Es popular que los milagros siempre llegan de la manera menos esperada, por más que uno los pide y los anhela. Así le pasó a Ocotlán, un pueblo que renació de entre los escombros, formó su identidad, creo lazos de unidad y construyó una forma particular de vivir a través de un evento religioso y sociocultural: la fiesta del Señor de la Misericordia.

Ocotlán, tierra del prodigio

Fotografía por: Estefania Jiménez

Ocotlán, es una ciudad ubicada en la región Ciénega del Estado de Jalisco. Es conocido por ser un pueblo religioso, de las más de 100 mil personas, según datos del portal del Gobierno de Jalisco, el  95% profesan  la religión católica. Sin embargo, es bien sabido que a mediados del siglo XIX las costumbres católicas del pueblo se habían deteriorado, la devoción a la iglesia dejó de ser una práctica común y  las leyes judiciales y morales se quebrantaron; lo cual, para algunos, fue la principal causa de un castigo divino.

El 2 de octubre de 1847, un devastador sismo sacudió al pueblo ocotlense hasta  dejarlo reducido a escombros, a excepción de la capilla de Santo Santiago. Además de las pérdidas materiales, decenas de personas fallecieron; según relata la crónica  “El milagro de Ocotlán” de Ramón Covarrubias. La gente, sumergida en la tristeza y desesperanza planeaba abandonar la ciudad.

Al día siguiente, los pobladores pedían por sus muertos en la capilla, la misa transcurría con normalidad, pero las nubes acapararon la atención de todos los presentes; se movían con fuerza y de un momento a otro comenzaron a partirse en dos. En medio de ellas, se dejaba entrever una silueta, un crucifijo enorme y en él, Jesucristo.

Fotografía por: María Luisa Hernández

La imagen milagrosa pudo observarse por dos horas; o al menos así lo afirma una carta escrita del entonces alcalde de Ocotlán, Antonio Ximenes, al Gobernador de Jalisco, Joaquin Angulo. La cruz era muy larga, sobre todo, de los pies hacia abajo. José Flores Sahagún, testigo ocotlense de 76 años de edad, del que se tiene registro de su declaración en el archivo     del arzobispado de Guadalajara, afirmó que se divisaba el cabello ondeando de Jesucristo.

La gente no abandonó el pueblo, los edificios se irguieron, la fe se incrementó gracias a la visión de Jesucristo en los cielos. El Señor de la Misericordia, como lo llamarón, se convirtió en el santo patrono de Ocotlán y quedó pactado que cada año se celebraría con gozo su llegada,  y en su honor quedó un juramento exclusivo para  hombres, sobre cumplir con el bien y la prosperidad en la dicha de Dios.

Como evidencia y glorificación de lo ocurrido, sobre la capilla de Santo Santiago, que sobrevivió a la mañana del 2 de octubre de 1847 -ahora llamada Capilla de la Purísima, se encuentra un monumento en el lugar exacto de la aparición. Una estatua de 20 metros hecha de piedra, muestra la tradicional imagen de Jesucristo crucificado.

Entrada de gremios: creación de lazos sociales

Fotografía por: Alondra Vega

Desde hace 171 años, del 20 de septiembre al 3 de octubre, Ocotlán celebra el milagro de su santo patrono. Hombres y mujeres de todas las edades acuden a esta celebración, y son los hombres quienes inician la fiesta con el desfile inaugural, en el que se congregan todos los gremios del pueblo.

En los días previos a la fiesta los ocotlenses comienzan los preparativos, los vecinos de las calles por donde transcurre el desfile apartan un lugar privilegiado para contemplar el recorrido. Otros, acomodan tarimas y encima de ellas colocan sillas metálicas, plegables, o de plástico; todas resguardadas con cuerdas y cadenas, esperando  a la multitud ocotlense.

Fotografía por: Sughey Jiménez

El 20 de septiembre llega, y desde muy temprano es notorio que no es un día cualquiera en la ciudad. El tránsito cesa por completo. Trabajadores de los gremios se comienzan a congregar en la gasolinera “de Secundino” ubicada frente a la estación del tren, sobre la calle Luis Moya, en la colonia Ferrocarril. Aquí da inicio al desfile que nació del juramento pactado entre los hombres de aquella época y que se confirma por las generaciones recientes.

A partir de las tres de la tarde, hombres de diferentes gremios comienzan a llegar a la gasolinera; algunos acompañados de sus colegas de trabajo, otros por sus hijos. Todos  uniformados o con algún distintivo representando el gremio al que pertenecen.

El sol cae sin consideración y la gasolinera “de Secundino” recibe cada vez más trabajadores. El bullicio aumenta, las trompetas, tarolas, clarinetes y las grandes tubas esperan el momento para hacer su entrada triunfal; las bandas comienzan a rodear la entrada al desfile. Los últimos arreglos para comenzar: las fotografías en grupo antes de partir, la compra de sombreros para cubrirse del sol, los suministros de agua, tejuino y bebidas alcohólicas, que algunos llevan discretamente y otros las muestran sin pudor.

Son las 16:00 horas y los varones de los trece diferentes gremios comienzan el desfile al ritmo del estrepitoso sonido de las bandas. Cada gremio parte con dos personas delante del grupo, ellos sostienen la manta donde se muestra el nombre del gremio, el día que serán anfitriones de la celebración y una imagen representativa de su oficio.

Mientras albañiles, herreros, muebleros, carniceros, panaderos y profesionistas avanzan hacia la calle Oxnard,  una multitud los espera con las manos llenas de saludos y confeti. A lo largo se divisan las personas que desbordan las aceras.

Fotografía por: Alondra Vega

El confetti comienza a tapizar el suelo, los vendedores ambulantes de algodones de azúcar, flores, bebidas y  juguetes avanzan junto con los gremios. Una banda deja de tocar y enseguida inicia otra con una nueva melodía. Hay gente que mira el desfile desde los techos o balcones. Un vendedor de algodones se estira lo más que puede para alcanzar a sus clientes que se encuentran en la cima de una casa. Las burbujas vuelan por los alrededores. Al doblar en la calle Hidalgo, resuena un mariachi que hace bailar a más de uno.

Continúa el trayecto por Hidalgo en la colonia centro, los gremios siguen avanzando, acompañados por la música y carros alegóricos, también desfilan danzantes, bandas de guerra, autoridades del municipio y todos los párrocos de los templos de la ciudad. Los carros alegóricos acaparan la atención de los espectadores. El sol aún molesta, pero la alegría y la buena actitud gobiernan el desfile.

Después de cuarenta minutos de trayecto el primer grupo llega a su destino. La entrada del templo está trazada por vallas de metal, la banda de guerra “Los guardianes del Señor de la misericordia” junto con los danzantes encabezan el desfile y son los primeros en llegar, para después dar paso a los sacerdotes y autoridades del municipio.

Son las cinco de la tarde y sobre la calle Hidalgo,  a un lado de Presidencia municipal, se puede ver el primer carro alegórico en el que se lee “El señor de la misericordia y su pueblo de Ocotlán” que anuncia la llegada de los trabajadores de “Industrias”, el primero de trece gremios. Los hombres se dirigen al templo y de lado a lado está la multitud observando su llegada a la  plaza. Un grupo de danzantes con grandes penachos y de relucientes atuendos siguen bailando de lado derecho de la capilla.

Según un conteo realizado por el equipo de Lab Radio, el templo del Señor de la Misericordia recibe un aproximado de 7,500  hombres que desfilan en la entrada de los gremios.

Al pie de la parroquia, un presentador lee la manta que simboliza al gremio y les da la bienvenida. El templo se encuentra decorado en su interior con varios telones rojos, acomodados verticalmente y entre ellos relumbran bordados dorados. Debajo de cada telón se encuentra una corona de girasoles, sostenida entre los pilares del templo. La imagen de Jesucristo reluce en el altar, y a su lado, más coronas de flores.

Algunos entran de rodillas, otros de pie. Quienes llevan a sus hijos pequeños los toman de la mano y juntos llegan al altar. Cuando todo el gremio se encuentra dentro de la iglesia, se detienen y ya sea hincados o de pie con la cabeza en alto, siguen la voz del sacerdote y dicen: “En el nombre de Dios todopoderoso…” y recitan el juramento, que promueve cumplir con el bien para la familia, el pueblo y la dicha de Dios. Al finalizar, los feligreses hacen resonar las paredes con el grito de: “¡Viva el señor de la misericordia!”.

Solo los hombres desfilan

Fotografía por: Alberto Gómez

Desde hace seis años, Antonio Olivo Sepúlveda, es párroco del templo del Señor de la Misericordia y explica la razón por la que únicamente los hombres desfilan el día 20 de septiembre. “En el año de 1911 el Señor Arzobispo de aquel entonces, don José de Jesús Ortiz, de manera oficial admite la aparición y recomienda que se celebre la fiesta del Señor de la Misericordia, con el mayor esplendor posible. Entonces para celebrar esta fiesta es oportuno que tengamos esto muy presente, hace 171 años, la carga laboral la desempeñaba en su totalidad los varones y los trabajos domésticos estaban encomendados a las mujeres (…) entonces los hombres se reunieron cada uno de acuerdo a su oficio”, expresó.

Ante dicha tradición, algunos ciudadanos se muestran inconformes con la exclusión a las mujeres durante el desfile, a esto, el párroco Antonio Olivos argumenta que la celebración del Señor de la Misericordia ha evolucionado debido a que en 2017 se integró “La entrada de las familias”, una peregrinación realizada el día tres de octubre, donde pueden participar mujeres, hombres, niños y niñas. Además, concluye, el desfile se mantendrá de la misma forma para atender al deseo de muchas ocotlenses.

De 100 encuestas realizadas por el equipo de Lab Radio, durante la entrada de los gremios, se muestra que el 43% de los hombres encuestados legitiman que la tradición se mantenga como hasta el momento, mientras que el mismo porcentaje de mujeres opina lo contrario.

Cada año las mujeres participan de manera indirecta, viendo el desfile, danzando y ayudando en el diseño de los carros alegóricos. A pesar de que su participación es indirecta, conocen el origen de la entrada de los gremios, pues el 57%  de las encuestadas entiende el juramento como la razón principal, en cambio, solo el 12% de los hombres lo atribuye a esta razón.

Aunque las opiniones entre ambos sexos son polarizadas, el 50% de mujeres y el 44% de los hombres expresan participar en las fiestas, ya sea de una forma u otra, porque se les ha inculcado como tradición familiar.

Sobre dicha tradición, Adriana Hernández antropóloga del Cuciénega (U de G), menciona: “Las fiestas patronales fortalecen las relaciones sociales, económicas y hasta políticas (…) las fiestas del Señor de la Misericordia no son solo un evento religioso o varonil o femenil, sino un evento donde se pueden hacer lazos que unen a una sociedad, en este caso la comunidad ocotlense”.

La fiesta como motivo de reunión y comercio

Fotografía por: Siboney Flores

Tras 171 años de celebrarse ininterrumpidamente, Adriana Hernández señala que es un evento donde se conserva la identidad de los ocotlenses y un espacio para que aquellos que han migrado puedan regresar a renovar su identidad y estado de pertenencia. La doctora habla del estado de pertenencia no solo como territorial o religioso, sino como el de  unión social, cree que esta tradición se  mantiene viva y activa año con año, no por su aspecto religioso sino, por la organización civil pues “es la gente la que mantiene vigente la fecha”, enfatizó.

Según el Párroco Antonio Sepúlveda, la parroquia solamente se encarga de coordinar los servicios religiosos dentro de la iglesia. “El programa de los gremios ya está establecido, ya saben qué día  le corresponde a cada gremio, se ponen de acuerdo entre ellos; ven la compostura, de qué color la van a poner, quién la va a hacer, cuánto les va a costar, qué presupuesto tienen, qué banda o música van a traer, cuánto dinero tienen, en fin, eso ya es un manejo interno de cada gremio”, expresó.

En Ocotlán, el festejo del Señor de la Misericordia convierte esos  15 días en diferentes e irrepetibles durante el año. Las calles del centro desbordan gente por cada esquina, la noche parece nunca callar, la música es estruendosa, el murmullo no cesa, y las risas y gritos resuenan en cada rincón. El pueblo se reúne para celebrar las fiestas patronales, donde, cada gremio patrocina un día la banda musical, la compostura de la iglesia y la pirotecnia.

Luis Humberto Jaime Zuñiga, director del Gremio Mueblero, comentó que el presupuesto de cada gremio varía; aunque todos deben cumplir con las tres funciones primordiales: compostura, pirotecnia y música. El Gremio Mueblero reconocido por tener mayores afiliados, gasta en promedio 130 mil pesos para las funciones de su día.

Durante el día transcurren eventos culturales, teatro, música y danza; todo dirigido a un público heterogéneo. Silvia Liliana Villarroel, directora de la Secretaría de Cultura en Ocotlán, detalla que el presupuesto anual para las actividades culturales en las fiestas patronales es entre 500 mil y 600 mil pesos, mencionó que este año el dinero presupuestado fue insuficiente y se buscaron patrocinios. “Tengo que ver qué tanto puedo traer, qué tanto se gasta de luz, sonido, entarimado, alimentos, transporte, hospedaje para quienes participan”, explicó.

Por la tarde comienzan los preparativos en la iglesia para la misa dedicada al gremio correspondiente, en el espacio destinado para la feria llamado “núcleo” se alinean los juegos mecánicos y los juegos tradicionales de feria, como las canicas, los globos y los juegos de tiro. En ambos lados del malecón se ensamblan numerosas estructuras metálicas cubiertas con lonas y en ellas todo tipo de mercancía lista para los clientes.

Según el conteo de Lab Radio, en total son 199 los puestos de venta que se distribuyen a lo largo del malecón. Comida, ropa, souvenirs, utensilios de cocina, juguetes y un sinfín de productos se pueden encontrar. En el núcleo son en total 66 las atracciones, entre juegos mecánicos y puestos; que esperan por la noche con atractivas luces al pueblo ocotlense y  turistas. El costo de suelo por puesto es de mil 50 pesos por metro cuadrado, pero a quienes venden artesanías se les cobra menos.

El castillo de pirotecnia se alza a las afueras de la iglesia; cada día la estructura del gigante de pólvora luce diferente, dependiendo del gremio en turno encargado de diseñarlo. Ya sea en la explanada principal de la plaza o a las afueras del monumento del Señor de la Misericordia, se prepara el escenario en que la cumbia o la banda resonarán por horas.

Al caer la noche, poco a poco las calles más alejadas del centro lucen poco transitadas, silenciosas, casi vacías. En cambio, en  la principales calles de la ciudad, la multitud crece y con ellos la efervescencia por las fiestas.

La lluvia ha frenado algunas actividades de las fiestas; el agua cae tan incesante que los cruces entre calles se inundan y los transeúntes se llegan a mojar hasta las rodillas. Muchos se resguardan mientras la tormenta cesa, otros deciden partir tapándose con lo que puedan.

A pesar del mal clima, la gente llega al centro de la ciudad a seguir celebrando día tras día. Los castillos siguen ardiendo, los fuegos artificiales iluminan momentáneamente el cielo, la música continúa estridente y la feria refleja la misma imagen colorida desde el primer día.

En el centro la gente camina por la calle principal rumbo al malecón, da vuelta a la izquierda  y esquiva a la multitud, los puestos de comida y mercancía, para así llegar a las populares terrazas, justo en lo que parece el final de la calle. En estas se encuentra una de las principales fuentes de derrama económica de las fiestas.

Entre tragos de alcohol y música de banda, estos establecimientos fungen como  bares de las fiestas. El precio de suelo es el mismo que en los demás puestos, pero tres de las ocho terrazas establecidas cuentan con una extensión de tamaño superior: miden entre 30 y 50 metros cuadrados. En los cuales están repartidas decenas de mesas y sillas plegables, la tradicional barra y un escenario, cubierto por grandes carpas de lona.

Estas tres terrazas pagan aproximadamente entre 40 y 50 mil pesos por el uso de suelo; aunque entre mayor es la extensión, el ayuntamiento aplica un descuento por metro cuadrado. En estas  terrazas es muy difícil encontrar una mesa disponible, ya que las reservaciones suelen hacerse con anticipación y quienes las tienen consumen alcohol y música casi hasta al final de la noche. Aun así hay una inmensa cantidad de gente a los alrededores, tomando y esperando  un asiento.

El mayor problema para las terrazas son las lluvias, afectan directamente a su clientela, sobre todo en las terrazas pequeñas. Una de sus encargadas, mencionó, que las ganancias se vieron afectadas por la ausencia de clientes debido a las fuertes lluvias. “Este año no pudimos recuperar la inversión que metimos al puesto y normalmente las fiestas de Ocotlán son muy rentables para nosotros” detalló.

Ya sea con un trago de tequila, subiendo a la rueda de la fortuna o abriendo los ojos perplejos ante la pirotecnia, los ocotlenses encuentran la forma de vivir las fiestas, sus fiestas, de la manera más plena posible.

Más allá de la fe

Fotografía por: Alberto Gómez

La aparición del Señor de la Misericordia definió la historia del pueblo. La identidad de los ocotlenses surgió con el milagro y la devoción permanece en los ocotlenses. Para hacer posible las fiestas se necesita como principal motor la fe, pero debe ser acompañada de organización, recurso económico y manos que ayuden.

Para Luis Humberto Jaime Zúñiga, encargado del gremio mueblero, carpintero y molineros, la organización comienza a finales del mes de Julio. “Iniciamos la colecta entre todos los que participan en el gremio. Esta cooperación es voluntaria, hay quienes pues no dan, otros dan poco, otros dan más, según sus posibilidades (…) para empezar hay que ver el tema de la compostura, la persona que nos va a ayudar con los arreglos florales y cómo vamos a ir planeando todo”.

Luis Humberto comenta que se hace un boteo por todo el gremio. A veces las personas van a su oficina y le dan el dinero que se recolecta entre amigos, otras, tiene que ir a las empresas a recolectar. “Uno no cree en los milagros hasta que le pasan” relata entre lágrimas mientras cuenta algunos de los milagros que le han rodeado.

Fotografía por: Maria Luisa Hernandez

Al igual que Luis Humberto, hay cientos de personas que organizan y asisten a las fiestas en agradecimiento a los milagros del Señor de la Misericordia. Adriana Lemus es una danzante originaria de Cuitzeo que desde hace seis años danza el Xochiquetzal de Cuitzeo. Con los pies hinchados y el sudor en la frente menciona: “Para mi danzar, es rezar en movimiento. Cuando vengo danzando, vengo rezando, le debo muchos favores al Señor de la Misericordia… es un gusto y gozo ver que cerramos otro año”.

Ocotlán es una ciudad de la Región Ciénega de Jalisco que seguirá marcada por ser el lugar en el que Jesús decidió brindar su perdón de manera muy íntima. Y permanecerá la tradición que por 171 años ha mantenido la devoción de los ocotlenses.

Por:
Concepción Siboney Flores Topete*
Diego Francisco Gómez García*
Alberto Gómez García*
Maria Luisa Hernández López*
Valeria Estefania Jiménez Muñiz*
Sughey Jiménez Rodríguez*
Jocelyn Ramírez Navarro*
José Luis Sánchez Chávez*
Alondra Vega Tello*

Comments

comments